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Que no caiga en el olvido: inteligencia emocional

Inmersos en un mundo laboral donde las metodologías ágiles están acaparando todo el foco, es importante recordar que el trabajo emocional individual es fundamental para alcanzar las metas colectivas que nos proponemos. Sin duda, contar con un grupo de trabajo que domine esta técnica nos reportará grandes beneficios a corto y largo plazo.

Las empresas tienen la necesidad de crear nuevos métodos de trabajo para que sus equipos sean lo más eficaces posible, independientemente de las circunstancias y en cualquier área. Es indiscutible. Ya no solo basta con que se adapten acertadamente a los cambios o que haya alguien que vele por ellos de forma continua (lo que ocurre con las nuevas metodologías), sino que, además, deben ser capaces de gestionar sus emociones de una forma eficiente y “rentable”. 

En el día a día, normalmente, los miembros de un equipo de trabajo suelen enfrentarse a una serie de emociones más intensas que no saben cómo controlar ni cómo administrar y, consecuencia de ello, sus reacciones se convierten en inapropiadas y contraproducentes en algunas ocasiones. Por ejemplo, recibir malas noticias por parte de un compañero o del jefe, lidiar con situaciones más complicadas en la rutina diaria, e incluso, sobrellevar a un cliente molesto por la falta de comunicación, son algunos de los contratiempos en los que saber actuar emocionalmente les ayudaría a evitar cualquier tipo de frustración o bloqueo. ¿Es sano estar todo el día con una actitud negativa? ¿Es realmente productivo o favorece las relaciones laborales?

Sin duda, conocer cómo afrontar este tipo de conflictos y disponer de trabajadores que sepan relacionarse y comunicarse entre ellos, es un valor añadido para cualquier grupo y, sobre todo, para cualquier empresa. Para lograrlo se debe recurrir a la, en ocasiones olvidada, inteligencia emocional. Ésta ayuda a resolver dichas dificultades de una forma positiva y productiva, alcanzando la  propia satisfacción personal. Si existe una buena gestión y el ambiente es confortable, los resultados serán satisfactorios.

¿Qué es la Inteligencia emocional y cuáles son sus fases?

De forma resumida, la inteligencia emocional se definiría como la capacidad de tomar consciencia de los propios sentimientos que se experimentan a la hora de enfrentarse a una situación emocional, y aprender a manejarlos para que reporten un beneficio o, al menos, que no afecten negativamente.

El concepto de inteligencia emocional apareció por primera vez en la literatura psicológica en 1990. Sin embargo, no fue hasta el año 1995 cuando se popularizó gracias a Daniel Goleman, psicólogo y periodista estadounidense, quien mostró una capacidad del individuo, que pasaba hasta ese momento desapercibida, de reconocer los sentimientos (tanto propios como ajenos) para usarlos en beneficio propio. Goleman divide la inteligencia emocional en varias etapas:

La primera es la consciencia de uno mismo. Saber lo qué sientes, cómo lo sientes y por qué lo sientes. De esta forma puedes determinar las consecuencias de tus decisiones. Saber lo que puedes hacer bien o mal.

La segunda es gestionarse a uno mismo. Ser capaz de cumplir los objetivos sin importar los obstáculos. No debes venirte abajo en el momento en el que vengan contratiempos. Es importante ser positivo y tratar de controlar las ideas negativas que te impidan hacer lo que realmente quieres hacer.

La tercera es la empatía. Es fundamental entender cómo se sienten los demás. El resto del mundo no viene con un libro de instrucciones o confiesan todo lo que sienten con palabras, sino que se debe buscar más allá. El tono de su voz o el lenguaje no verbal deben dar pistas para llegar a entender a la otra parte. 

La cuarta es saber manejar las relaciones. Ser bueno en equipo. Poder colaborar con varias personas con ideas diferentes pero que buscan un mismo objetivo. Se debe ser capaz de resolver los conflictos que ocurran mediante la comunicación, la persuasión o la escucha activa. 

Y es que, no cabe duda de que la inteligencia emocional está presente en más situaciones de las que podemos imaginar en el mundo laboral y se ha convertido en un concepto fundamental que no debe dejarse a un lado. Es importante saber cómo nos sentimos nosotros mismos y cómo se sienten otras personas para poder usarlo a nuestro favor. Goleman concluye que estas competencias emocionales no son talentos innatos, no es “algo” que se tenga o no se tenga, sino que se pueden aprender, desarrollar y mejorar.

Por lo tanto, debido al incremento de la competitividad y la creciente competencia que hay actualmente en los puestos de trabajo a nivel mundial, se hace necesario el impulso de programas por parte de las empresas para que ayuden a trabajar la inteligencia emocional, con el objetivo no solo de conseguir un rendimiento excepcional, sino también para crear un ambiente laboral saludable.