Change Surfers

¡Mi robot de cocina me ha pedido matrimonio!

La irrupción de los robots “inteligentes” y su rápida evolución, está marcando un antes y un después en todos los ámbitos. A los cambios que están generando en torno a la vida de las personas hay que añadir cómo la automatización en las empresas cambiará el paradigma laboral. ¿Será un requisito indispensable en el currículum, y no un punto a favor, saber programar?

La robótica, junto a la IA, está cambiado a una velocidad vertiginosa. No hablamos de cualquier tipo de máquina, sino de máquinas con auténtica “inteligencia”.  Dispositivos que pueden llegar a aprender, a razonar, incluso a comunicarse con nosotros de una forma tan natural que la mayoría de la sociedad aún no lo ha llegado a imaginar,  únicamente cree haberlo visto en películas de ciencia ficción. 

Sin embargo, todavía  no somos capaces de predecir qué capacidad tendrán los robots que diseñaremos en un futuro. Con cada nuevo código, las máquinas nos sorprenden. Hace relativamente poco, un equipo de investigación nos mostraba como una máquina era capaz de pintar un Rembrandt por sí sola, sin que se pudiera apreciar la diferencia entre el original y la copia. Al mismo tiempo, otra simulación era capaz de ganar a los mejores jugadores de póker del mundo tan solo observando sus partidas. Es innegable, los robots están evolucionando y la sociedad con ellos. 

Estas máquinas inteligentes representarán un avance con respecto a las que nos rodean en la actualidad. No solo se va a contar con máquinas capaces de realizar tareas simples o que actúen bajo nuestras órdenes, si no que serán ellas mismas las que podrán tomar decisiones por y para nosotros y llegar a realizar, incluso, nuestro trabajo. 

Por ejemplo, un robot de cocina al uso, solo puede preparar una serie de recetas, pero, ¿qué ocurriría si se le dota  de cierta inteligencia? De añadirle varios sensores, un par de cámaras y dos brazos articulados, el resultado sería contar con un chef a nuestro servicio las veinticuatro horas del día, sus conocimientos culinarios serían inabarcables y podría aprender de nuestra rutina. Además, con una comunicación sencilla, podría sacar patrones de qué comida es la que mejor nos sienta, saber qué darnos cuando estamos enfermos e incluso regañarnos por la dieta que llevamos. Sin duda, las posibilidades serían infinitas.

El futuro, en mano de las máquinas

Frente a la dos corrientes que hay acerca de la IA, la fuerte que considera que las máquinas tendrán plena inteligencia y la débil que considera que las máquinas solamente llegarán a actuar como si fueran inteligentes, la pregunta que hay que plantearse es hasta qué punto van a ser evolucionadas. Y es que el peso que está ganando la IA y la robótica en todos los sectores de la industria, es cada vez mayor, generando un alto impacto en las empresas y en los mercados. 

En un futuro no muy lejano, estás tecnologías cambiarán completamente el paradigma al que estábamos acostumbrados. El Banco de Inglaterra estima que casi la mitad de los trabajadores, un 48% en total, serán reemplazados por robots, y la empresa de inversiones ArkInvest predice que 76 millones de puestos de trabajo en Estados Unidos desaparecerán en las próximas dos  décadas. Muchos de los puestos de trabajo, tantos los de nueva creación como los tradicionales, desaparecerán; otros tantos serán reemplazados y solo algunos serán reestructurados. Y es que cambiar a un humano por un software y por un hardware capaz de pensar por sí mismo podría llegar a ser muy ventajoso. Ya no solo en cuanto a la reducción de costes salariales, sino que además se reducirían los fallos rutinarios, no dejarían de asistir por ser festivo ni se cogerían bajas por enfermedad. La humanidad tendrá que reinventarse.

Las universidades e instituciones educativas tienen una oportunidad para fomentar programas para el aprendizaje de nuevas habilidades, para que la inteligencia artificial y la robótica sea también inclusiva. De tal forma que en los próximos años sea requisito indispensable, para acceder a casi cualquier empresa, tener unas nociones básicas de programación, para adaptarse a los cambios que producirán la inclusión de los robots “inteligentes” en el ámbito laboral. No solo para programarlos y desarrollarlos, si no también para tener oportunidades en los nuevos empleos que se generen. 

La gran diferencia entre las personas y las máquinas, es que las personas no son perfectas y ellas sí. Para poder sustituir a los humanos al 100%, deberán aprender a emularlos en aquello en lo que las personas pueden fallar y, poder marcar, una diferencia de calado con respecto al ser humano.