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Gamificación, una estrategia para la gestión de equipos

Las próximas generaciones, masivas de los eSports, estarán acostumbradas a conseguir trofeos o logros por pequeños objetivos. ¿Es posible aplicar esta estrategia en el ámbito profesional para alcanzar las metas de una empresa? Conseguir que las tareas sean más estimulantes y satisfactorias para los trabajadores de una compañía a través de esta técnica, impulsará el trabajo en equipo y el alcance de los objetivos.

Cada vez la sociedad está más inmersa en la relación acción-recompensa. Los trabajadores del futuro han crecido aplicando estas metodologías sin darse cuenta a través de sus móviles o tablets. Cientos de minijuegos, las nuevas generaciones de videoconsolas e incluso las redes sociales, cuentan con un sistema de trofeos que recompensan al usuario por haber realizado  una serie de acciones, ya sean simples o complejas. De esta forma se aseguran que la sociedad experimente al máximo su producto, resulte relativamente cómodo exprimirlo o que no se haga tan tedioso sacarle todo el partido. 

En la última década, se ha consolidado la tendencia de aprovechar los beneficios de la gamificación en entornos laborales para mejorar la productividad y la satisfacción de los empleados, pero, ¿qué es la gamificación y qué ventajas tiene? Gracias a la aplicación de esta nueva metodología, se puede mantener motivado al equipo, mejorar sus habilidades y conseguir, en general, mejores resultados.

¿En qué consiste la gamificación y cuáles son sus ventajas?

En la gestión de equipos, la gamificación es una técnica de aprendizaje que traslada la mecánica de los juegos al ámbito laboral. Involucra a los trabajadores en procesos complejos, en la realización de tareas, predisponiéndolos favorablemente hacia la adquisición de un comportamiento deseado para su resolución. 

Los trabajadores se convierten a través de ella en “jugadores” activos, sumergiéndolos en entornos lúdicos y enfrentándolos a retos y a misiones atractivas para involucrarlos emocionalmente y para sacar ese espíritu competitivo olvidado. De esta forma, aumentarían su nivel de compromiso y su nivel de participación en las tareas propuestas utilizando estrategias similares a las adoptadas en los juegos. 

Esta técnica, igual que ocurre en los videojuegos, trata de conseguir una meta, pero en vez de realizarla directamente, de golpe, trata de desglosarla en pequeñas tareas para que se tenga la sensación de que va progresando con la consecución de cada una de ellas. Se consigue convertir esas tareas en misiones. Cercando el objetivo y evitando distracciones con una vista más cercana de lo que tenemos que realizar en vez de asustarnos con una visión más global. El trabajador sabe exactamente qué hacer, en cuánto conseguirlo y a quién debe reportarlo.

Otras de las ventajas de la gamificación, es que permite dar autonomía a los trabajadores. No hay una forma exacta ni correcta de cumplir los objetivos, pero se da libertad para seguir el camino que se considere más correcto. Si son estos los que toman las decisiones, se sienten responsables de sus actos y son más conscientes de sus acciones. 

La gamificación  expone a las personas  a la presión y al reconocimiento social, guste o no. El nombre de cada persona estará en una tabla que todo el mundo podrá ver y, gracias al “honor”, hará que escalen puestos y lleguen a  lo más alto posible. Bien utilizados, son dos factores que juegan a favor en la consecución de una meta.

Es importante destacar las recompensas a corto y a largo plazo en base a las motivaciones de los usuarios. Para que funcione debemos tener en cuenta a los propios trabajadores y el esfuerzo que requiere cada tarea. 

Por último, la gamificación proporciona feedback constante y continuo. Es posible saber fácilmente si nuestras acciones nos están alejando o acercando al objetivo final del proyecto. 

¿Por dónde se empieza?

Si se quiere comenzar a poner en marcha  esta metodología, hay cuatro áreas principales bajo el estandarte de la gamificación. Se pueden utilizar puntos – recurso para que los “jugadores” ganen -, recompensas -elementos para que los “jugadores” gasten con los puntos ganados-, medallas – recursos para mostrar a los compañeros de los logros que se han desbloqueado- o tablas de clasificación -un método para obtener información en tiempo real visible a todos-. 

Aunque se debe tener en cuenta que estos elementos no son siempre los más indicados para el equipo y su situación, pero son muy sencillos para ir avanzando y cogiendo experiencia. Si se quiere evolucionar el sistema gamificado, se deben ir incorporando elementos más complejos en el tiempo: como trofeos, rangos, reputaciones individuales y de equipo, comunidades, métricas, etc, hasta llegar a convertirse en un auténtico experto en gamificación.

Después de haber explicado sus ventajas, hay que recordar que se debe seguir teniendo presente, que el objetivo final de la gamificación es alentar a los trabajadores para que las tareas sean más estimulantes y satisfactorias. De esta forma se consigue ser más eficiente , impulsar al equipo para que trabaje por un objetivo real y final, y alargar la motivación en un proyecto complejo.